Andrea Saldaña Rivera.https://es.wikipedia.org/wiki/Andrea_Salda%C3%B1a
“Aquella, la primera y la más bonita…”, fue la entusiasta respuesta de María cuando le pregunté que tan cerca estaba su casa. Veníamos de la Escuela donde habíamos terminado un curso para adolescentes, al que ella había asistido. María insistió en que fuéramos a su casa ya que Esperanza, su madre, quería hablar con nosotras.
Nos montamos en el Volkswagen y nos enfilamos por el sendero que nos señaló. A solo 5 kilómetros de un camino de terracería empezamos a ver un caserío, fue cuando hice la pregunta y obtuve tan precisa respuesta.
“Aquella, la primera y la más bonita…”
Efectivamente era la primera del caserío. Podría llamarse choza o casucha en México, chabola en España o Fabela en Brasil. Su descripción respondería igualmente a todas ellas. Era una casa humilde, con paredes de placas de madera podrida, con profundas grietas onduladas y materiales de desecho.
Láminas de mala calidad fuertemente amarradas hacían de techo en la parte superior de la “construcción”. Difícilmente cumpliría su función de cubrir y resguardar del clima los interiores de la vivienda. Al menos les protegería de la lluvia (pensé). Más no del insoportable calor en el verano o del intenso frío en el invierno.
Eso, es creatividad.
No contaban con servicios como agua entubada, drenaje, luz eléctrica, pavimento, banquetas y otras condiciones que ellas, seguramente por costumbre, sabían soportar con automatismo. Dos literas y algunas sillas con bultos de ropa en ellas, daban cuenta de su estilo de vida. Una estufa de petróleo en una mesa amplia, hacía adivinar una suerte de imaginaria separación entre la recámara y la cocina y comedor.
La madre había colocado frascos reciclados colgando del techo y en las paredes. Me sorprendió la creatividad cuando vi que algunos tenían la tapa clavada a algunas de las maderas que sobresalían de las paredes. Esto, para que pudieran sostenerse y que al cerrar la tapa pueda sellar bien hasta hacer el vacío. Así quedan protegidos de eventuales roedores o insectos, humedad o polvo. Ahí guardaban cuidadosamente desde semillas, granos, cereales, aceite, azúcar, sal, especies y otros hasta medicinas y artículos de aseo y para el cuidado de su salud.
No es vergonzoso nacer pobre.
Algunas de las familias que habitaban el caserío, estaban emparentadas entre sí. Consideraban una suerte haberse posesionado del terreno, donde luego con sus propias manos, levantaron su hogar. La madre de María nos enseñó los límites del terreno y nos explicó, a manera de disculpa, como la construcción anterior se había incendiado. Había iniciado las excavaciones para poner los cimientos de la casa, la tendrían de “material”.
Caminamos con ella para conocer con privacidad la razón por la cual nos buscaba. No era nada nuevo. Un marido con problema de alcoholismo, dado de baja de su trabajo en ferrocarriles. Ella trabajaba arduamente en varias casas. El trabajo doméstico y las ventas de los productos de la ranchería como nopales, tunas, plantas y palmitas redituaría lo suficiente para sus necesidades más apremiantes .
El poder decidir.
Sin embargo, el marido se encargaba de darle otro uso a los pocos recursos que obtenía. De la violencia verbal económica y emocional había pasado a la física. Vimos sus moretones, tomamos evidencias haciendo fotografías. Hablamos con ella sobre sus opciones, no hicimos gran cosa, ella ya había tomado su decisión, sus ojos mostraban su determinación envuelta en un velo de tristeza, pero estaba decidida.
Mientras ella se preparaba María nos pidió que la acompañáramos a cortar nopales y tunas. Tomé unas fotografías de ella realizando tal actividad, mostraba una sonrisa y una mirada de esperanza. Parecía intuir que a partir de ese día su vida iba a mejorar. Nos montamos en el Volkswagen y llevamos a Esperanza a iniciar su proceso de liberación. Le dimos acompañamiento en varias ocasiones. Probablemente su temor ante el marido la intimidaba, él se mantenía alejado cuando ella iba acompañada. Finalmente, llegó la sentencia y el divorcio. También algo de paz y una mejoría económica tanto como una gran alegría para toda la familia.
Vivir sin violencia es respirar, como si fuera libre.
Esperanza y sus hijas/os siguieron trabajando y vendiendo de manera incansable. Su fortaleza crecía al tiempo que las calificaciones escolares de sus hijas/os mejoraban. Tomó la costumbre de ir a mi casa para contarme la evolución del proceso de separación, de sus hijas, sus calificaciones, sus necesidades. Por ello encontré un mejor uso para la máquina de escribir de mi hija, empolvándose desde hacía años, terminó en las manos de Esperanza para sus hijas.
Siempre llegaba vendiendo nopalitos tiernos, tunas, biznagas, o algunas plantas. Un verdadero deleite que llegaba con una periodicidad casi mensual. El emprendimiento ha sido una de las alternativas que las mujeres han practicado con apoyo o sin el. https://andreasaldana.com/impulso-a-microempresarias/ 
Años después, encontré casualmente a María. Terminó una carrera universitaria. Se casó, tuvo hijos y trabajaba en la ciudad, en una oficina gubernamental. Hoy orienta a las mujeres víctimas de violencia, sea o no parte de sus responsabilidades. Cuenta que su principal motivación es recordar la mirada y la sonrisa de su madre. La ve feliz desde que vive sin la violencia de su padre.
…los alegres colores de las cortinas.
Me platica que la visita para llevar ayuda para ella y sus hermanos. Sigue cortando nopales y tunas, solo que ahora, solo para autoconsumo.
Nos enlazamos en redes sociales. Las fotografías me muestran los mismos ojos resueltos que vi en aquella niña que me contestó que su casa, era “Aquella, la primera y la más bonita…”. Una casa sigue en la entrada del caserío, me mandó una fotografía del estado actual, cuenta que ya es de ladrillo, y que a lo lejos las ventanas dejan ver los alegres colores de las cortinas . Sin embargo, María describe su casa, igual que siempre.
Usa la misma frase diciendo, que es «Aquella, la primera y la más bonita…”, desde entonces, entendí que en la infancia, hay quienes no usan los ojos para ver, para eso tienen el corazón y una gran imaginación.

” La bruja guachichil. Palabras para otra magia» de Alexandro Roque , a la «bruja» se le nombra en la novela como “vieja, hechicera, sanadora, india, esposa, y madre, ..» Sería para no pensar en las palabras «líder , guía, caudillo o cabecilla? estarían bien aplicadas ya que logró que se sublevaran más de 150 indígenas . La obra obtuvo el Premio de Literatura Manuel José Othón, en 2019. 

“La bruja Guachichil” surge a la vida en el siglo XVI rodeada de personaje reales y ficticios, en un contexto mágico y poético, logrado por la pluma del autor. Se percibe con una gran fuerza interior por la resonancia que dejan sus palabras. Hay muchas pistas e indicios y una gran apertura para identificarlos. Su papel excede, con mucho, el de una causa criminal del siglo XVI.
Análisis literario .Andrea Saldaña Rivera.




Africana (ASAMA) y a Guinea en ECOSOCC (Consejo Economico Social y Cultural) una organizacion de la Union Africana. Sinforosa es compañera en Mujeres Agentes del Cambio (Red MUA) con +80 mujeres líderes en 15 países hispanohablantes.
Rápida de Nkoantoma, según informó el Gobierno. Ante la distancia, incredulidad y temor preguntamos por Sinforosa. Ella se comunicó para hacernos saber que estaba “bien”, al igual que su familia. Desde entonces hemos contado con información esporádica. Hoy nos describe como estuvieron en casa de su tía, con más de 30 personas que habían perdido sus casas. Consecuentemente dormían apiñados.
su capacidad de adaptación tanto en lo familiar como en lo comunitario. Consecuentemente ha estado al frente de su asociación (ASAMA). Probablemente el decidir las tareas más necesarias y urgentes debe haber sido difícil.
A un mes de la tragedia logramos hablar con ella, mi buena amiga Coralie Davies y yo. Nos confesó las afectaciones físicas y emocionales como insomnio y otros malestares que ya empezó a atender para la comunidad y para ella misma.


Sin embargo, cuando llamé a Radio Claret América y repetí la invitación, se negaron a trasmitirla. En esta ocasión fueron más allá. ¡Me invitaron a una entrevista! Ante el compromiso tuve que aceptar. Así conocí al programador, Jorge Salazar y al Director, el Padre Marco Cárdenas. Me informaron que tendría 10 minutos para la presentación y la invitación. ¡Tomamos más de media hora. Consecuentemente la información se amplió a las causas de la violencia, el marco legal, las instituciones de apoyo y algo más.
Son tan profundos como los mares,



Comparto algunas de las experiencias y anécdotas que esta etapa nos dejó. Ante todo quiero agradecer a quienes de alguna manera hicieron posibles estos modestos logros, el Sacerdote Pablo Ortega (+), el Dr. Alberto Rodríguez Jacob (+), el DIF Estatal, el Director del ITESM Campus S. L. P. mis compañeras/os del IMSS, mis compañeras del Gabinete de Enfermeras, El Director y los maestros de la Escuela Secundaria de la Colonia Progreso y de la Primaria de la Localidad de Los López así como mi familia.


Sin embargo, nos equivocamos. 
