El silencio, ese cabrón que espero cada noche
ante todo, ese tan mal parido, simbólico y ausente,
sale por chicuelinas en medio del capote
ante el rumor que todo lo enmudece.
Será que la sordina se oculta con cautela,
a la madre el sosiego, además, no acepto disimulos,
por más que la muleta se empeñe tercamente
con pases imprudentes, valerosos y estoicos,
Finalmente, me parece que sigue sin rendirse, terca, libre y osada, la luna
con su luz de cuerpo entero, ahí sale a mi encuentro,
ahí, junto al silencio, tanto como el amor que yo más
quiero, en la tarde de toros, de este final incierto, traicionero.
¿Quien soy?https://es.wikipedia.org/wiki/Andrea_Salda%C3%B1a

iluminado el tango y el placer 
No siempre me apetece, rebobinar el tiempo y la memoria,
Como las flores secas que aún siguen en los libros de Sabines,


que funcionaba como biblioteca. Ahí prácticamente me “clavaba” leyendo desde pasquines hasta novelas. Mi primo Sergio, era el único que se daba cuenta. Quizá porque compartía conmigo ese apasionado hábito por la lectura. Compartir nuestro secreto, la «orgía perpetua» de esos viajes fantásticos que la lectura ofrece, fueron parte de nuestras conversaciones. Dicen que las anécdotas de la niñez, suelen ser inolvidables, en mi caso, aún lo son.
Recuerdo nuestros juegos por la noche, lo mismo entonábamos canciones infantiles que contábamos cuentos de terror. No olvido aquella escena, cuando sangraba profusamente uno de los párpados de mi primo, su perro, el mismo animal del cual yo siempre permanecía lo más alejada posible , ese cuya fiereza imaginaba por su aspecto o su enorme tamaño, al parecer con una de sus uñas había cortado en dos el párpado de mi primo, mientras jugaban. Sergio detuvo a su padre que ante la impresión solo podía pensar en matar al animal. Así, de ese mismo tamaño, así era el alma de aquel primo que nunca olvidaré. Estoy de acuerdo, las mejores experiencias de la vida no suelen estar planificadas, ocurren al azar y nos acompañan toda la vida.





Acuciosa, Andrea incluye información de cuatro generaciones, los escenarios familiares donde se percibe y recrea con claridad la provincia, los solares, haciendas, milpas y la vida cotidiana de los pobladores de la época.
Estudiar enfermería no fue un hecho fortuito. La decisión, sin ella saberlo, la tomó desde muy niña. Un relato refleja, muy a su estilo, su temprana vocación hacia esta disciplina.
Sus progenitores repetían que de ese primer embarazo de su madre, esperaban un varón, pero llegó ella. Asumió juegos, actitudes, ropa y actividades de asignación “masculina” (canicas, trompo, billar, dominó, equitación, pantalones) y otras de asignación “femenina” (cuidado y atención de los hermanos, de las labores del hogar). ¿Esperaba de esa forma contar con la aprobación y el afecto de ambos? La diferencia en la formación de sus hermanos, especialmente en esa época, fue por razones de género.
Contestataria como es, califica como obsoleto el discurso en algunos párrafos sustentando con breves réplicas. Propone actualizar tan importante documento al insertar dos frases al Juramento de Enfermería (elaborado en 1893). La primera, la rescata del Juramento de las enfermeras militares “el espíritu de constante de superación, en beneficio de la Sociedad y la Patria” ya que corresponde a premisas actuales.
“Consideré que la salud pública, podría también definirse con las palabras con que Quevedo hablaba del amor “… es hielo abrasador. Es fuego helado. Es herida que duele y no se siente” (Sic) Fueron determinantes, para el rumbo que tomó su vida, increíbles oportunidades de realización que se le fueron presentando desde su natal estado de San Luís Potosí hasta el plano internacional .
Personalmente, pienso que una puede hacer el proyecto de vida que desee y que, finalmente, es la vida misma la que nos llevará por diferentes derroteros, este es el caso de la autora, integrante de la Sociedad Mexicana de Salud Pública, que reconoció en 2009 con la Medalla al Mérito Sanitario a nuestra excelente amiga.
Incursionó en la lucha por la equidad de género, el acceso de las mujeres a su salud reproductiva, la defensa de los derechos humanos, la elaboración, promoción y consolidación de un diseño de atención integral post aborto y la promoción para una Maternidad sin Riesgos, como integrante de este grupo a partir de 1993. 
Quizá sin proponérselo, la autora busca que esta obra represente una aportación para la construcción de la historicidad de un grupo: el de enfermería. No soy quien para dar consejos, pero creo que me puedo permitir una recomendación a las colegas: escribir nuestra historia, es un mensaje que podemos leer entre líneas en esta autobiografía.
El fue a estudiar a Coahuila, yo a la ciudad capital de San Luís Potosí. Nos perdimos muchos años. El re-encuentro fue breve, ambos nos quedamos “extáticos de emoción”. Vi cómo se humedecían sus ojos al contarle sobre mi matrimonio. Siempre recuerdo como se humedecieron los míos, muchos años después, al enterarme de su muerte.