En 1995 visité España. Llegué a Madrid, ese pequeño pero agradable hotel sería el nido donde, al igual que las aves, cada noche, regresaría a descansar. Disfruté sus museos, prolongué más el recorrido en el Reyna Sofía que en El Prado. Como se sabe, este último representa ante los ojos del mundo lo más significativo de la cultura y la historia de España.
A principios del siglo XX, de 1923 a 1931, el país quedó bajo el gobierno autoritario del general Miguel Primo de Rivera. La Guerra Civil española arrasó el país desde 1936 a 1939 y cobró la vida de unas 500.000 personas. Otras tantas abandonaron el país. Las fuerzas nacionalistas respaldadas por la Alemania nazi y la Italia fascista instalaron al General Francisco Franco como el nuevo gobernante de España. Su dictadura se dio desde el fin de la guerra civil en 1939 hasta su muerte en 1975. Ese partido único, de nombre Movimiento Nacional, hizo hincapié en el catolicismo, el nacionalismo y el anticomunismo. Durante la década de 1960, tuvo una tasa de crecimiento económico sin precedentes lo que ayudó al país en la transición hacia una economía moderna.
Nueva Democracia
Tras la muerte del general Franco en 1975, Juan Carlos I le sucedió como Rey de España y Jefe de Estado. Tres años después, el país aprobó una nueva Constitución española, lo que restauró la democracia. Fue en este momento que el país comenzó a delegar gran parte de la autoridad nacional a las regiones y se dividió el territorio nacional en comunidades autónomas.
Después de ser aprobado por referéndum, España se unió a la OTAN en mayo de 1982, el mismo año que el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) llegó al poder, el primer gobierno de izquierda en 43 años.
MUSEO DEL PRADO
Mis ojos bebían de las pinturas, dibujos y estampas cuya oscuridad y claroscuros permitían reconocer la pureza de la técnica del pintor. Me maravillé de las colecciones de esculturas, armas, armaduras, incluso de medallas y monedas.

También revisé los impresos que vendían en el exterior del Museo, podían agregar un nombre al cartel de alguna afamada Corrida de Toros. Era así que con tu nombre o el de alguien más, junto al de toreros consagrados, habría sido un memorable “souvenir.”, pero decliné adquirirlo.
El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.
Hoy podemos verlo, aunque sea solo algunas de sus https://www.museoreinasofia.es/colecciones a través de su página Web. Aquellos años solo a través de reportajes en prensa, en películas y personalmente.

La pluralidad de sus Colecciones se movía entre una modernidad dominante en los frentes social, político, cultural y artístico. La vanguardia con sus diferentes corrientes, movimientos, épocas y representantes fue un impacto visual que aún hoy se encuentra en mis sentidos.
Ahí adquirí varios “souvenirs”, posters, copias impresas, tarjetas. Ahí comprobé que la pintura es otra forma de poesía, carece de palabras, pero es rica en colores, combinaciones, texturas, con las que toca hasta lo más profundo de ti. Bien sea cuadros del Romanticismo, Impresionismo, Expresionismo, Cubismo, entre otros, todos los estilos tienen algo para cada quien, una huella o una conmoción, un estremecimiento o una señal, un recuerdo fugaz o perdurable.
FINALMENTE
Tenía mi agenda señalando las principales actividades para cada día y horario, aunque lo flexibilizaba bastante. Así recorrí las calles, plazas y principales lugares como Plaza Mayor, el Paseo de Recoletos, la Gran Vía o la Puerta del Sol, la calle Arenal y el Pasadizo San Ginés, las cinco Catedrales, los templos y parroquias.

Me di tiempo para disfrutar de dos funciones de zarzuela en algunos de sus teatros y tratar de bailar en los Tablaos gitanos. Definitivamente, la melodía y el baile de moda fué «La Macarena». Con esa melodía despertaba lo mejor de mi, cada fibra del cuerpo cobraba vida y ejecutaba sincrónicamente los movimientos de cada escenografía que se repetía en la televisión. Cada nota se acompasaba al latido del corazón y la respiración. Cada movimiento marcaba el ritmo contagioso disfrutando los pasos, las vueltas, la sensualidad y el erotismo en sus letras. ¡¡¡Baila tu cuerpo, alegría Macarena!!! Definitivamente la cereza del pastel.
Nunca más certeras las palabras de Antonio Machado sobre Madrid: «.Madrid, Madrid … tu sonríes con plomo en las entrañas». Tenía planeado conocer El Escorial, visitar el Valle de los Caídos y saborear Sevilla. Otro día les contaré.
